Vamos a echar la vista atrás hacia los ya lejanos años noventa del siglo pasado. Me hallaba en la feria del cómic de Angulema, subí al autobús de regreso al albergue y observé el preciado tesoro en que me había gastado unos cuantos francos, se trataba de una obra increíble de un dibujante para mi desconocido, llena de fuerza y con unas ilustraciones increíbles. Me acababa de comprar el primer tomo de Slaine de Simón Bisley, una increíble edición de tapa dura y papel “del bueno” donde aquellos trazos maravillosos destacaban en todo su Bárbaro esplendor, por que de eso se trataba, de un cómic de Bárbaros, pero no se parecía a nada que hubiese visto antes. Como si de Corben se tratara, cada tantas paginas Bisley te sorprendía con un experimento, como un dibujo más simple o a lápiz…… una virgueria visual de primer orden, que a juzgar por lo que comprobé después, había sido adquirido por mucha más gente.

¿Pero que tiene Bisley? La palabra es fuerza una fuerza primigenia parecida a la de Frazetta pero, en este caso, cruda y sin domesticar, sus anatomías son agresivas y tan dominantes que hacen que no veas los fondos, estos normalmente no son muy elaborados pero cumplen su función.

 

A Slaine lo precedieron los ABC Warriors y después vino Lobo, Batman, Juez Dredd… y todos fueron “Bisleyzados”. Al contrario que otros muchos ilustradores de portadas, la obra de Bisley en formato viñeta es extensa.

Hace unos cuantos años se marcó una Biblia que revolucionó el concepto de adaptación, demostrando que su estilo puede con cualquier temática.

Alexis Calvo