El cómic y la ilustración, como otras disciplinas artísticas, tienen inevitablemente una vertiente comercial, es decir, se pueden permitir una evolución como la pintura o el arte contemporáneo, pero hasta cierto punto. Tenemos claros ejemplos de autores de cómic que han ido mucho mas allá, experimentando con su estilo y llegando a hacer cuadros impresionistas o expresionistas en sus álbumes o novelas gráficas, pero no dejan de ser autores minoritarios.

Pero en el caso de Bill Sienkiewicz y Frank Miller, unidos más de una vez por personajes e intereses comunes, esa evolución se consigue en una industria bien engrasada como es el cómic americano y, lo más sorprendente, se produce con personajes con centenares de números anteriores a sus espaldas, de un dibujo académico y podríamos llamar tradicional, deudores sobre todo de los grandes pilares Marvel como Buscema.

Bill Sienkiewicz

Frank Miller

La evolución de Miller, que pasa de un estilo detallado, a favorecer la fluidez de sus guiones, con un dibujo muy basado en las sombras, que no lanza anzuelos visuales al lector, da como resultado que sus obras a partir de El retorno del caballero oscuro obtienen una mayor personalidad y fluidez, haciendo que la obra de Miller sea mas personal y totalmente reconocible.

Caso parecido, pero notablemente mas sorprendente, es el de Bill Sienkiewicz, dibujante clásico y correcto hasta decir basta, que empieza a destacar por su evolución hacia la soltura mas loca en portadas y cómics de los New Mutants, esa evolución crea un estilo sorprendente y tan contrario a su anterior estilo que, como en el caso de Miller, cuesta relacionar su etapa “clásica” con sus obras posteriores.

Mas que de evolución, podríamos hablar de eclosión, algo que para el ojo experto, por lo menos en el caso de Miller, ya se podía intuir.

Alexis Calvo