Esta mañana me he levantado con ganas de escribir sobre este gigante tranquilo, el señor Richard
Corben. La primera impresión que tuve de Corben fue a los doce años, un amigo me enseño los
cómics que poseía y entre muchos “tomos de vértice” sobre todo de conan el bárbaro, allí estaba; un
1984 con portada de un tal Corben, en ella un tipo de aspecto simiesco pero totalmente lampiño
cargaba con el peso de una mujer de curvas pronunciadas. A parte de lo original de su estilo, lo que
más llamo mi atención de ilustrador embrionario fue sin duda el volumen, la aplicación de la luz
casi fotográfica y los músculos parecían salirse del dibujo.
Años mas tarde conseguí un ejemplar de Den, el tour de force de Corben, donde cada viñeta es un
estudio de la expresión humana, curiosamente estaba en alemán, pero las sensaciones que trasmitían
los personajes a través de sus cuerpos y caras hacía innecesario el dialogo, a partir de entonces
intenté conseguir todo el material de Corben de Toutain Editor, que por aquel entonces estaba
publicando Rip in Time.
Ahora, con la perspectiva que dan miles de ilustraciones vistas, me doy cuenta de lo importante que
es desarrollar un estilo propio, dibuje lo que dibuje Corben, no habrá ninguna duda sobre su autoria,
ya sea un superheroe o una tortuga ninja. Sus detractores (pocos) le acusan de hacer seres deformes y
monstruosos, sus aduladores (muchos) dicen que su dominio de la anatomía es increíble,lo que no
entienden es que todo eso carece de importancia, cuando se ha nacido para narrar visualmente lo
que importa es la capacidad para expresar emociones mediante la forma y el movimiento. La
capacidad que tiene para que un puñetazo se convierta en tres viñetas y que la tercera duela al verla,
cuando se consigue eso una sensación de movimiento,de acción… que importa que a veces le falle
alguna proporción.
Las otras tres cosas que llaman la atención son; su innata facilidad para entonar las paginas y usar el
color como nadie, como un Parish surrealista, lo funcional de sus xenomorfos o monstruos, son al
mismo tiempo primigenios y extrañamente auténticos, las escamas o el pelo y todos sus detalles
remiten a tiempos remotos, sus rostros reflejan una inteligencia primaria hundida en el instinto y la
supervivencia y, por ultimo, la capacidad que tiene para mover a sus personajes, dotados de una
anatomía característica que él mismo ha establecido.
Y, si no era suficiente todo lo expuesto de sus grandes habilidades con el dibujo y la ilustración, también es un dotado escultor, donde vuelca sus amplios conocimientos sobre un trozo de pasta de modelar.
En resumen, si no conoces a Richard Corben es mejor que te pongas al día, por que te has perdido
50 años de producción a ritmo endiablado.
Alexis Calvo